Índice de Crimen Organizado global: una reconfiguración acelerada

ocindex

La nueva edición del Índice de Crimen Organizado global, elaborado por Global Initiative Against Transnational Organized Crime, muestra un crecimiento sostenido de este fenómeno durante los últimos años en todo el mundo. 

 

Evolución asimétrica del crimen organizado

El crimen organizado en todo el planeta se encuentra en un proceso de reconfiguración acelerada: factores como las disrupciones geopolíticas, la innovación tecnológica y la fragmentación regulatoria están impulsando una economía ilícita más ágil y con mayor capacidad de infiltración en cadenas logísticas y financiera legítimas. 

El nuevo OCINDEX, elaborado bianualmente, destaca que, junto a los mercados tradicionales, el crecimiento se concentra en los delitos no violentos con impactos múltiples, especialmente los financieros y los ciberdependientes, y en cadenas de falsificación cada vez más industriales.

Los datos disponibles indican que el crimen organizado está expandiéndose en Asia, África y América, mientras que solo en Oceanía ha disminuido en los últimos años y en Europa se mantiene estable. A nivel geográfico, Myanmar, Colombia, México, Paraguay y Ecuador son los países que registran mayores mercados y actores criminales de todo el mundo

 

 

Economías ilícitas y actores criminales

Una de las principales tendencias globales se configura en torno al mercado de drogas, que está evolucionando en forma de duopolio entre el tráfico de cocaína y el tráfico de sustancias sintéticas

Así, la cocaína intensifica flujos hacia Europa mediante rutas directas y otras indirectas por África Occidental, impactando en sectores operativos e infraestructuras como los puertos, los aeropuertos y los operadores de carga.

Paralelamente, las drogas sintéticas se están consolidando mediante modelos más descentralizados. Al respecto, se destaca el auge de creación de laboratorios próximos a las zonas de demanda y los precursores de doble uso, que reducen barreras de entrada para las organizaciones criminales. La crisis por opioides sintéticos en Norteamérica o la expansión del captagón en Asia Occidental son algunos ejemplos de ello.

Por otra parte, los delitos financieros se consolidan como el mercado ilícito más extendido, afectando a multitud de sectores y cualquier capa de la sociedad. Fenómenos como las estafas o el business email compromise han aumentado de manera significativa durante los últimos años.

Asimismo, los delitos ciberdependientes crecen en dos dimensiones paralelas –amplitud y sofisticación–, mientras que el mercado de falsificaciones se está industrializando, y relacionándose de manera directa con otras economías ilícitas.

La arquitectura y la gran variedad de actores explica esta velocidad de propagación y la creciente complejidad. Los actores incrustados en el Estado continúan siendo determinantes, mientras que se incrementan otros como los actores extranjeros, que expanden capacidades logísticas y financieras a escala regional y global, e incluso segmentos del sector privado, que actúan como facilitadores de los mercados criminales.

 

Una geometría variable

Una de las principales conclusiones y tendecias se configura en torno a la geometría del crimen organizado, que ya no responde a cadenas rígidas, sino a ecosistemas interconectados que combinan violencia selectiva con plataformas digitales y actividades como la logística global.

Tanto en seguridad pública como en seguridad corporativa, el impacto se traduce en mayor presión sobre nodos logísticos y financieros con gran efecto multiplicador: hubs logísticos principales y secundarios, proveedores de servicios de pago y diversos marketplaces.

Además, la convergencia en los planos físico y digital se intensifica mientras se incrementan las asimetrías territoriales. Al respecto, diversas instituciones internacionales destacan un proceso de expansión del policrimen –una misma red delictiva que combina actividades ilícitas, como el narcotráfico y las falsificaciones–.

Para las organizaciones privadas, el efecto se percibe en costes, volatilidad y menoscabo reputacional, como por ejemplo:

  • Aumentan las pérdidas económicas por fenómenos como el fraude, los robos o los ciberincidentes.
  • Las cadenas de suministro registran más interrupciones por disrupciones de servicio.
  • Determinadas geografías y sectores industriales concentran vectores de riesgo y exigen ajustes en precios, plazos y coberturas.

En resumen, la nueva edición del Índice de Crimen Organizado Global destaca que el mundo se encuentra en un momento de encrucijada respecto a los impactos de las economías ilícitas, entre los que se señalan aquellos contra la soberanía estatal, el Estado de Derecho e incluso la seguridad internacional.

Así, los últimos datos disponibles señalan al crimen organizado como un conjunto de economías ilícitas en auge con mayor velocidad de adaptación, mayor capacidad de infiltración en procesos legítimos y una presión creciente sobre ciudadanos, corporaciones e instituciones públicas.