Índice de Terrorismo Global: una amenaza persistente

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La nueva edición del Índice Global del Terrorismo (GTI, por sus siglas en inglés), elaborado por Institute for Economics & Peace (IEP), no señala el fin de la amenaza terrorista, sino su transición hacia un modelo de acciones más fragmentado, localizado y tecnológicamente adaptativo a los cambios del entorno.

 

Estado del terrorismo global


El nuevo Índice Global del Terrorismo apunta una paradoja que comenzaba a perfilarse en ediciones anteriores: el terrorismo global disminuye en términos cuantitativos, pero aumenta su complejidad estratégica y su capacidad de impacto político y social.

Así, se destaca el descenso de casi el 30% en las muertes por terrorismo a nivel global en 2025, con 5.582 en total. Las principales organizaciones terroristas, responsables de hasta el 70% de fallecidos en todo el mundo, son el Estado Islámico y sus afiliados, además de otras como Jama'at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP) o al-Shabaab.

Del mismo modo, el número de ataques también ha experimentado una disminución de más del 20%, con 2.944 en total. En este sentido, solo 19 países en todo el planeta registraron un deterioro en la materia, siendo la menor cifra histórica de deterioro en la última década.

No obstante, estos datos no implican necesariamente una mejora estructural. Al respecto, el GTI señala que la reducción responde principalmente a dinámicas regionales concretas y no a una disminución homogénea de la amenaza.

Las dinámicas actuales apuntan cada vez más a un fenómeno ligado a ecosistemas de inestabilidad prolongada. Drivers como la fragilidad estatal, la porosidad en las fronteras o la gobernanza criminal generan entornos propicios para las insurgencias o el crimen organizado, que durante los últimos años está difuminando su frontera con las dinámicas terroristas.

 

 

Focos de conflicto

El principal cambio estructural del terrorismo durante los últimos años es geográfico. Así, el Sahel y la región de África subsahariana se configuran como el epicentro global del terrorismo, especialmente el terrorismo yihadista.

El terrorismo, por tanto, continúa altamente concentrado: cerca del 70% de las víctimas registradas en todo el mundo se localizan en solo cinco países –Pakistán, Burkina Faso, Nigeria, Níger y República Democrática del Congo–.

Los principales atentados ocurridos durante 2025 se concentraron casi exclusivamente en el continente africano, reflejando una combinación de factores estructurales y coyunturales, como la debilidad institucional o la expansión de redes yihadistas descentralizadas. De este modo, el terrorismo en la actualidad en estas regiones presenta tres dinámicas esenciales:

  • Territorialización flexible: los grupos ya no buscan controlar grandes ciudades, sino corredores rurales y zonas fronterizas que permiten movilidad, financiación ilícita y reclutamiento constante. Las actividades durante los últimos meses JNIM en territorios cercanos a Mali, Senegal o Mauritania es un ejemplo de ello.

     

  • Hibridación con economías criminales y gobernanza criminal: el terrorismo se integra progresivamente con ilícitos como el tráfico de armas, minería ilegal o contrabando, difuminando la frontera entre insurgencia ideológica y criminalidad organizada, en línea con los últimos informes en la materia a nivel internacional. 

 

  • Descentralización operativa: pequeñas células afiliadas a organizaciones más amplias actúan con autonomía táctica, aumentando la resiliencia del fenómeno terrorista a nivel global.

Adicionalmente, se destacan otros focos de conflicto en la actualidad, como Pakistán o Colombia. En lo que respecta a Pakistán, que se sitúa a la cabeza del terrorismo a nivel global y el mayor número de fallecidos desde 2013, las actividades de grupos como TTP han incrementado la amenaza en el territorio. Por su parte, Colombia se sitúa en el top-10 Estados con mayor impacto del terrorismo en todo el planeta. Así, las muertes asociadas han incrementado un 70%, debido a las actividades de grupos como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) o las disidencias de las FARC.

 

Tendencias en procesos de radicalización y terrorismo

Los grupos terroristas, al igual que la criminalidad organizada, muestra un componente de adaptación al entorno, con tres tendencias convergentes que se están consolidando durante los últimos años.

En primer lugar, los procesos de radicalización se están comprimiendo temporalmente, con ciclos cortos de propaganda online, dificultando consecuentemente las labores de detección por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Además, en ámbitos geográficos como Europa o América del Norte destaca la radicalización de menores y jóvenes: algunos datos apuntan que hasta el 42% de las investigaciones llevadas a cabo en estas regiones en 2025 involucraban a jóvenes o menores.

En segundo lugar, el acceso a tecnologías accesibles y de bajo coste operativo transforma el fenómeno terrorista. Drones modificados, herramientas de cifrado y plataformas digitales permiten ejecutar ataques con recursos mínimos pero alto impacto mediático. De esta manera, el terrorismo adopta una lógica de “innovación oportunista”: aprovechar tecnologías civiles disponibles en lugar de desarrollar capacidades propias complejas.

Por último, el terrorismo en regiones como Occidente parece orientarse hacia el impacto comunicacional más que el control operacional o territorial, dados los impactos mediáticos y sociales generados.

En definitiva, el terrorismo en la actualidad se encuentra geográficamente concentrado, con una progresiva individualización de la amenaza en territorios occidentales, adoptando un modelo cada vez más fragmentado y tecnológicamente adaptativo.