El poder de los países emergentes

imagen brics

En las últimas décadas, el papel de los países emergentes ha adquirido un peso creciente en la economía y en la política internacional. Así, los BRICS+ se han consolidado como un referente del Sur Global y un equilibrio a la influencia tradicional del Grupo de los 7 (G7) y de las instituciones financieras dominadas por Occidente. 

 

El ascenso de los BRICS+

El bloque conocido como BRICS, compuesto inicialmente por Brasil, Rusia, India, China y posteriormente Sudáfrica, ha experimentado una expansión significativa en los últimos años, dando lugar al concepto de BRICS+. Esta ampliación incluye a países como Egipto, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía e Indonesia, reflejando no solo un incremento cuantitativo sino también un cambio profundo en la geopolítica global, especialmente frente al orden internacional tradicionalmente liderado por Occidente. 

Actualmente, los BRICS+ representan más de la mitad de la población mundial (51%) y cuentan con el 40% del PIB global. Además, poseen reservas estratégicas de recursos naturales como petróleo, controlando alrededor del 42% de la producción mundial de petróleo, gas y minerales. 

Su influencia se sustenta en varios factores: desde su capacidad económica y crecimiento sostenido hasta la búsqueda de alternativas financieras al dólar, con la intención de crear una moneda común, y la creación de instituciones propias, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), que financia proyectos de infraestructura y energía, y el Acuerdo de Reservas Contingentes (CRA), concebido como alternativa al FMI para garantizar liquidez de emergencia en casos de problemáticas relacionadas con el endeudamiento. Estas herramientas refuerzan una mayor autonomía financiera del grupo y promueven la desdolarización, como tendencia de reducción de la dependencia del dólar en el comercio internacional mediante el uso de monedas locales.

 

Proyección del Sur Global

Más allá de su poder económico, los BRICS+ han desarrollado un creciente protagonismo político en el escenario internacional. El bloque persigue reformar el orden internacional liberal y construir un sistema más orientado a la multipolaridad y el equilibrio entre potencias y Estados.

Durante los últimos años, los BRICS+ han emergido como actores y portavoces del Sur Global defendiendo temas de interés colectivo como la seguridad alimentaria, la diplomacia geopolítica o el desarrollo energético. La expansión estratégica del grupo hacia países con gran peso energético, como Emiratos Árabes Unidos, refuerza su posición en los mercados internacionales y aumenta su capacidad para influir en la política global. Asimismo, la presencia activa en África y Asia Central refuerza su papel como articulador de la cooperación Sur-Sur.

Como se señalaba anteriormente, la agenda política de los BRICS+ incluye una reforma del sistema multilateral: mayor representación en el Consejo de Seguridad de la ONU, revisión de las cuotas en el FMI y el Banco Mundial, y un impulso a la gobernanza digital. En el fondo, el bloque aspira a desvincular el desarrollo económico de la hegemonía occidental, proponiendo modelos de cooperación menos condicionados.

Desde el punto de vista geoestratégico, los BRICS+ están ganando relevancia en cuestiones de seguridad, ciberdefensa e infraestructuras críticas. La coordinación entre China, India y Rusia en tecnología, inteligencia artificial y energía refleja la tendencia de consolidación de poder autónomo. Para las potencias tradicionales, enmarcadas por Estados Unidos y países europeos, los BRICS+ representan una reconfiguración del equilibrio global, capaz de influir en los flujos energéticos, tecnológicos y financieros. Las tensiones por el control de los semiconductores, las infraestructuras críticas o las rutas marítimas son señales de una competencia que ya no es solo económica, sino también estratégica. 

 

Reequilibrios, fracturas e incertidumbre

El crecimiento de los BRICS+ no está exento de contradicciones, problemáticas y paradojas. La mayor amenaza para su consolidación no proviene del exterior, sino de sus propias fracturas internas. Al respecto, conviven modelos políticos muy diversos, desde democracias hasta sistemas más autoritarios, economías desiguales y prioridades nacionales divergentes, como se ve en el caso del continente asiático.

Estas diferencias limitan la coordinación política y dificultan la creación de una agenda común. Dada la divergencia de intereses nacionales y objetivos parcialmente solapados, los BRICS+, hasta el momento, operan más como un foro de diálogo que como una alianza cohesionada.

Además, existe una asimetría creciente dentro del grupo: China concentra más del 60% del PIB del bloque, lo que puede propiciar desconfianzas y problemáticas entre otros miembros sobre una posible hegemonía asiática. India, por su parte, busca equilibrar esa influencia mientras refuerza sus vínculos con Occidente, especialmente con Estados Unidos, derivando en el reforzamiento de tensiones estratégicas dentro del bloque.

En este contexto, los países emergentes no solo se presentan como actores económicos, sino también como fuerzas capaces de generar tensiones estructurales del sistema internacional, que obligan a reflexionar sobre las alianzas y dependencias a nivel global. Su crecimiento económico, control de recursos, expansión geopolítica y búsqueda de un orden multipolar los posicionan como líderes del Sur Global y contrapeso al G7, que continuará durante los próximos años.