El mundo en 2026

mundo 2026

Las principales tendencias descritas en el nuevo informe de Prosegur Research sobre El Mundo en 2026 orientan este año hacia el mantenimiento de la lógica del "año de las 3P": personalismo político, proteccionismo económico y polarización social.

 

El mundo en claves de futuro

Durante los últimos años venimos observando una serie de shocks que han producido importantes impactos a lo largo y ancho del planeta: pandemia sanitaria con alcance global, crisis en cadenas de suministros, eventos climáticos extremos o conflictos inter e intraestatales que aparecen estar reconfigurando, al menos parcialmente, el orden mundial.

Todo ello ha originado un "patrón de policrisis gestionadas": con independencia del lugar geográfico o sector operativo o industrial, cualquier compañía debe mostrar continua resiliencia ante los permanentes desafíos y amenazas a las que las sociedades nos enfrentamos.

Desde el origen de Prosegur Research se han tratado de anticipar las principales megatendencias globales que parecen modular cualquier sistema a nivel mundial, bajo dos premisas básicas: en primer lugar, la única constante es el cambio; y, en segundo lugar, la categorización del mundo en variables no es más que un intento de reducir el entorno de incertidumbre actual.

En 2023 condensamos las siete megatendencias originales de futuro en cinco, según las cuales hemos venido estructurando nuestra forma de aproximarnos a la realidad: poder difuso, geoeconomía, empoderamiento individual y colectivo, convergencia tecnológica y medioambiente.

Siguiendo la misma lógica, desde Prosegur Research hemos elaborado un nuevo documento que continúa dicho proceso reflexivo, señalando las principales tendencias y aspectos clave para este 2026.

 

Impactos para la seguridad global

Ha quedado patente que el mundo ya no se enfrenta únicamente a amenazas tradicionales, bien definidas, segmentadas y con componentes físicos y digitales estructurados. Así, se ha dado lugar a un proceso de ampliación del concepto de seguridad: más allá de formas tradicionales de delincuencia, algunos ámbitos como la reputación o la seguridad de las cadenas de valor cobran más relevancia que nunca.

Además, los conflictos híbridos parecen configurarse como el nuevo escenario en la geopolítica mundial. Los enfrentamientos no están desapareciendo, sino que cambian de forma: tácticas como el sabotaje digital, las guerrilas tecnológicas o la coerción económica desdibujan las fronteras entre delito, insurgencia y operación estatal.

El mundo contemporáneo está manifestando una diversidad considerable de formas de violencia e intimidación, con grupos criminales adaptando y diseñando estrategias que se ajustan a los contextos específicos de cada región o sector empresarial. Una muestra de ello lo destaca la nueva edición del Índice de Crimen Organizado Global, que señala un aumento en los actores criminales privados como facilitadores de la actividad delictiva de multitud de Estados y empresas.

Por estos motivos, en Prosegur Research hemos denominado al 2026 como el "año de la seguridad de lo crítico": cualquier tipo de bien o de infraestructura sensible, como puertos, hubs logísticos, redes eléctricas, data centers, constelaciones satelitales o cables submarinos se convierten en objetivos estratégicos.

Además, la convergencia entre seguridad y defensa no será una excepción, sino el marco desde el que entender y gestionar los diferentes riesgos estratégicos. La distinción clásica resulta, por tanto, cada vez menos operativa frente a riesgos híbridos, difusos y persistentes.

 

Impactos para la seguridad corporativa

La violencia adquiere un eje estructural para cualquier corporación pública o privada. El tejido social, compuesto por ciudadanos y empresas, está enfrentando múltiples desafíos derivados de la situación de inseguridad. A este respecto, son diversas las corporaciones que en diferentes puntos geográficos están considerando la salida de sus establecimientos o infraestructuras dado el panorama criminal y la degradación de espacios urbanos, generando áreas y efectos como los "no-go empresariales".

La gestión de lo crítico, además, impacta de lleno en las empresas, dado que no existe ningún sector exento de riesgo. En este 2026 la relación entre lo físico y lo digital será aún más crítica: estos planos ya no funcionan de manera independiente, sino como un único sistema de riesgo interconectado, lo que amplía de forma significativa la superficie de ataque de las organizaciones, que pueden verse afectadas simultáneamente por ciberataques, incidentes físicos y campañas de desinformación o presión social.

Dado el contexto geopolítico y geoeconómico, la exposición reputacional será un factor clave para cualquier compañía. De esta manera, la reputación ya no es una dimensión intangible estática, sino una dimensión estratégica que condiciona la confianza de clientes, consumidores e inversores y compromete la competitividad a largo plazo.

En resumen, la gestión del riesgo empresarial ya no puede abordarse por silos, sino que exige una visión integrada que combine seguridad física, ciberseguridad, inteligencia de riesgos, continuidad de negocio y gestión reputacional.

En 2026, comprender y anticipar esta convergencia será un factor decisivo para la resiliencia y la sostenibilidad de las organizaciones. Por tanto, la diferencia competitiva no estará en disponer de más planes, sino en la capacidad de cuestionarlos, actualizarlos y activarlos.

Las organizaciones que mejor se posicionen no serán necesariamente las más protegidas en términos absolutos, sino aquellas capaces de identificar antes los cambios relevantes, priorizar impactos reales y asumir decisiones difíciles en escenarios incompletos.