Tráfico de drogas: un desafío global del crimen organizado

Los últimos informes en la materia indican un incremento sistemático en el consumo de estupefacientes en todo el mundo.

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El funcionamiento del mercado ilícito del tráfico de drogas, uno de los más lucrativos del crimen organizado a nivel global, se ve directamente influenciado por las modificaciones de los mercados en todo el mundo, así como las fluctuaciones entre oferta y demanda y las diferentes medidas de actuación y prevención que se implementan frente a la delincuencia.

El último Informe Mundial sobre Drogas 2025, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), pone de relieve la principal tendencia a nivel mundial: el consumo de estupefaciente continúa aumentando.

 

Crecimiento en el consumo y transformación del mercado

Según los datos de la UNODC, en 2023 aproximadamente 316 millones de personas, con edades comprendidas entre los 15 y los 64 años, consumieron algún tipo de estupefaciente ilegal, lo que representa el 6% de la población mundial en dicho rango de edad. Analizando la serie histórica reciente, supone un incremento del 28% respecto a la década anterior, evidenciando una intensificación en la tendencia de consumo.

Entre las sustancias con mayor demanda se encuentran:

  • El cannabis, con 244 millones de usuarios.
  • Los opioides, con más de 60 millones de usuarios.
  • Las anfetaminas, con cerca de 31 millones de usuarios.
  • La cocaína, con 25 millones de personas que la consumen en todo el mundo.
  • El éxtasis, con más de 20 millones de demandantes.

Entre los principales hallazgos se destaca el máximo histórico de producción, incautación y consumo de cocaína, que se ha convertido en la droga ilícita con mayor crecimiento de mercado en 2023. Al respecto, la producción se ha cifrado en torno a 3.700 toneladas, suponiendo un 34% más que el año anterior. En cuanto a las incautaciones, se han alcanzado las 2.275 toneladas, lo que representa un 68% de incremento respecto a 2019-2023. Además, la UNODC señala un auge en la expansión en los mercados de Asia, África y Europa Occidental, dada la expansión de la influencia de los grupos de crimen organizado de los Balcanes Occidentales, entre otros motivos.

De esta manera, los datos reflejan una alta disponibilidad de las sustancias en diversos contextos geográficos, políticos y sociales, así como una diversificación del mercado ilícito, que se está orientando hacia la combinación de estupefacientes tradicionales, como la cocaína, con otros de diseño y producción sintética.

 

Nuevas drogas sintéticas y regiones inestables

El mercado de las sustancias sintéticas, entre las que destacan los estimulantes de tipo anfetamínico o los opioides sintéticos, continúa expandiéndose en todo el mundo. La UNODC estima que solo en el sudeste asiático se decomisaron más de 200 toneladas de metanfetamina. 

Entre estos estupefacientes durante los últimos años se ha alertado del auge del fentanilo, especialmente en América del Norte. Los últimos datos indican que solo en Estados Unidos han fallecido cerca de 50.000 personas a causa del consumo de esta sustancia en 2024. 

Asimismo, se destaca la relevancia en el plano internacional del mercado de drogas de aquellos países y regiones inestables que pueden condicionar el equilibrio entre oferta y demanda.

Entre los ejemplos se encuentran Myanmar, considerado el país con mayor crimen organizado del mundo, o Siria, en un contexto de incertidumbre tras la caída del régimen de Assad. Así, el estado de Shan, en Myanmar, se configura como uno de los epicentros globales de producción y comercio de opio. La falta de presencia estatal, junto con condiciones estructurales y coyunturales como la pobreza, la crisis económica exacerbada tras la COVID-19 o las acciones de grupos armados no estatales han potenciado este mercado ilícito. Por su parte, la inestabilidad en Siria dificulta las previsiones sobre el comercio del captagón, una sustancia que se distribuye principalmente hacia los países de la península arábiga. 

De esta manera, se observa además una gran capacidad de adaptación e integración de tecnologías en contextos de alta inestabilidad por parte de los grupos de crimen organizado, con el objetivo de ampliar sus operaciones y afianzar sus redes de distribución.

 

Impactos en cascada: una amenaza multidimensional

Las consecuencias del aumento del consumo y la intensificación de las actividades del crimen organizado son múltiples, afectando tanto a la salud pública como a la seguridad global. De hecho, los datos apuntan que solo 1 de cada 12 personas con trastornos asociados al consumo de drogas recibió algún tipo de tratamiento en 2023.

En este sentido, la UNODC advierte de que el creciente alejamiento del multilateralismo en las relaciones internacionales podría intensificar el problema, dada la cooperación necesaria entre Estados y agencias para la actuación frente al delito. Asimismo, el desequilibrio generado en contextos de crisis humanitarias o conflictos potencia las dinámicas de consumo o el reclutamiento en redes criminales. 

Asimismo, se está incrementando el número de laboratorios clandestinos de drogas en regiones como Europa durante la última década, reflejando un aumento de la involucración de actores locales y una mayor dificultad para la trazabilidad de este mercado ilícito, destacando los puertos secundarios y puertos clave como el de Róterdam o Amberes.

Todo ello genera una erosión en la estabilidad de los Estados, alimentando ciclos de violencia y debilitamiento de las instituciones. En regiones del sudeste asiático o América Latina este fenómeno se hace especialmente visible, donde la presencia de cárteles armados o la disputas por territorios desencadenan crisis de seguridad e incrementan otros delitos asociados como el blanqueo de capitales o la trata de personas.